Los habitantes de la orbe gustaban de emular a los modernos reyes magos de occidente. Para ello se desplazaban velozmente encaramados en coloridos y ruidosos dromedarios metálicos bien atiborrados de vistosos regalos. En su recorrido se guiaban por las múltiples y llamativas estrellas luminosas que marcaban de forma clara la existencia de oasis urbanos repletos de objetos a la venta. Hacían acopio de regalos y seguían buscando nuevas estrellas, la verdad es que había muchísimas estrellas, muchísimos oasis donde parar. Tenían la costumbre de ejecutar este rito durante el mes de diciembre de cada año, no estaba establecida la fecha inicial del viaje aunque si quedaban fijadas dos posibles fechas, no necesariamente alternativas, para finalizar el recorrido y hacer entrega de los objetos recopilados en el periplo.
Eran fechas complicadas, al esfuerzo -en ocasiones tedioso y siempre oneroso- de efectuar la búsqueda y posterior acopio de los regalos se sumaba el importante riesgo de encontrar miradas de desilusión, incluso de frustración, en el semblante del receptor del obsequio. Un palo, vamos!.
Antiguamente, según cuentan los mayores, este rito era bastante más fácil ya que que los reyes magos venían de oriente, eran más sabios, sólo había una estrella para guiarles, sólo había tres objetos para regalar y sólo un receptor de los regalos, que además era tan pobre y tan pequeño que no tenía razón ni posibilidad de quejarse, desilusionarse o frustrase. Pero eran, dicen, otros tiempos.
Imagen capturada en Sevilla, hace dos o tres días, con el iPhone4 y tratada con los filtros de Instagram.


Human
The Polaroid Book
The Americans
Canon EOS 7D
Los reyes magos de occidente son un asco…Mucho mejor los de Oriente..esos que nos traían ilusiones, verdad???
Besossssssssss antinavidad ;PPPP
Verdad Pili, nos traían ilusiones maravillosas y mágicas.
Besos guapa, muchos besos ;)